
1. Un popular periodista y conductor de noticiario nocturno, con el pretexto de los juegos Panamericanos, afirma en su columna: “...debo agregar la envidiable calidad de vida de los tapatíos, en sus vertientes de seguridad, orden, desarrollo urbano y limpieza.”
Si bien las previsiones sobre el caos generalizado que viviríamos durante los juegos fallaron, me parece que estamos muy lejos de la descripción citada antes. De seguro la ciudad se ve muy bien desde el penthouse de un hotel de cinco estrellas, con los mimos del comité organizador de los juegos, moviéndose en autos exclusivos por carriles exclusivos y zonas exclusivas.
Sin duda el tema “desarrollo urbano” incluye el de la movilidad, tan mencionada y no precisamente para bien.
2. Yo soy automovilista habitual, a veces usuario del transporte público y frecuentemente simple peatón. Confieso que en mi primera faceta a veces me convierto -supongo que como muchos otros- en un personaje parecido al de aquella caricatura de Disney que vi hace mucho: alguien que se transforma en una especie de monstruo cuando está tras el volante. Me descubro
queriéndole ganar el paso a peatones y ciclistas o dando la famosa “vuelta continua” a la derecha sin tomar en cuenta a quienes quieren cruzar por la esquina. Al menos me percato de ello y trato de evitar esa conducta. Cuando soy peatón, en cambio, padezco las incontables y peligrosas groserías de choferes de autos, camiones, motos y, porqué no decirlo, de bicicletas.
3. En días pasados se presentó un libro fotográfico de la colega Eugenia Coppel -Ciclovista Guadalajara-, quien se volvió ciclista urbana en Toulouse, Francia y lo siguió siendo a su regreso a Guadalajara. Pronto tuvo su primer encontronazo con una realidad distinta a la del primer mundo: la atropelló un auto. La entrevista que le hice en la radio dio pie a una animada discusión en las redes sociales acerca de peatones y ciclistas, donde salió a relucir la prepotencia de algunos de éstos últimos, quienes se sienten con el derecho de no respetar los reglamentos viales. También hubo quien considera la vulnerabilidad del ciclista y lo llama “una subespecie de peatón y no una subespecie de vehículo motorizado”.
Me parece que la discusión nos lleva, inevitablemente, al tema de la educación vial -casi nula- y al del escaso respeto del otro en las calles de esta ciudad. Ahí sí creo que todos los opinadores estarán de acuerdo ¿o no?

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